lunes, 1 de marzo de 2010

Perfil del facilitador a distancia: rasgos, habilidades, actitudes y valores

En todo proceso de enseñanza y aprendizaje convencional están inmersos muchos elementos y no únicamente los que comúnmente se creen: estudiante y docente. El ambiente donde se desarrolla este proceso, bien sea un aula de clases o cualquier otro recinto dentro de la institución, el momento del día en que se lleve a cabo y los recursos disponibles, sólo por nombrar algunos, intervienen todos.

Imaginémonos ahora este mismo proceso pero en la Educación Abierta y a Distancia (EAD) y muy en especial en los actuales momentos donde cada vez más se imponen las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Frente a este escenario esos elementos que conforman la enseñanza y aprendizaje deben cambiar con el objeto de actualizarse a los tiempos de cambio. Es precisamente en este contexto donde me gustaría reflexionar sobre el Rol del Facilitador en la EAD.

Primeramente se debe tomar en cuenta la palabra Facilitador la cual ya por si misma marca una diferencia en relación a la de Profesor o Docente todavía muy usadas en la educación convencional o presencial. Incluso muchos profesionales del aula se molestan al no ser llamados bajos tales títulos. Y es que precisamente la persona que asume el papel de formar a otros en un sistema de EAD es un facilitador de la enseñanza y del aprendizaje de sus estudiantes. Es un mediador entre estos dos procesos y no debe limitarse únicamente a la pura transmisión de información.

El facilitador es conocedor no sólo de las técnicas apropiadas, recursos y estrategias para la enseñanza ideal sino que también debe conocer los factores que intervienen en el aprendizaje de sus estudiantes, conocer sus necesidades y comprender la realidad educativa. Sin embargo, aunque pueda considerarse como obvio, no todos los que ejercen el oficio facilitador se sienten interesados por conducir una buena praxis didáctica que integre la función alumno – docente en una sola. No muchos temen dejar ese protagonismo que se venía ejerciendo como profesor al de un inspirador del acercamiento entre las partes.

Es justamente esta la figura de una nueva tendencia pedagógica y en especial en la EAD, donde este facilitador deberá hacer uso de sus dotes de orientador, tutor y sobretodo humanizador. Por esta razón se hace sumamente necesario que este nuevo docente esté constantemente al día en relación a las nuevas tendencias educativas “...en la modalidad a distancia esta continua actualización se hace imprescindible de todo punto, dado el avance de las tecnologías de la información y comunicación, esenciales en los procesos de formación a distancia” (García, 2001).

Como ya vemos, este nuevo docente está íntimamente vinculado con los aspectos tanto cuantitativos como cualitativos de los nuevos adelantos tecnológicos. Es un profesional que debe tomar en cuenta que existe un entorno interactivo y multidireccional del aprendizaje. Donde la reciprocidad y compartir de saberes es una actividad diaria la cual se manifiesta a través del contacto por los diferentes medios de comunicación, en especial las plataformas teleinformáticas.

Adell y Sales (1999) definen a este docente como El Profesor On Line o En Línea, quien debe realizar diversas funciones tales como diseñador curricular, elaborador de contenidos, evaluador, apoyo técnico y la de tutor y facilitador. Esta última función, según Mason (1991) en Adell y Sales (1999) a su vez implica tres roles más que debe ejercer el facilitador – tutor. Un rol organizativo, uno social y otro intelectual.

En la educación En Línea la función facilitadora y tutora del docente tiene entre otras actividades la de programar un plan conformado por los objetivos y/o competencias, horarios de clases, y la normativa a seguir. El profesor debe promover distintas actividades donde se integre al grupo a través de la participación en estrategias como foros, chats, blogs, entre otros.

En estos mismos espacios se pueden expresar no sólo lo que se discute de las lecturas realizadas sino también las ideas, sentimientos, reflexiones sobre el modo en que se conduce una cátedra en especial. Es este el rol social al que se refieren los autores citados anteriormente, el poder que debe tener le facilitador para conformar una red entre todos los participantes con el fin de crear un ambiente ameno de trabajo.

El facilitador debe permitirse y permitirle a sus estudiantes que interactúe uno a otro en todo momento, específicamente al momento de tratar algún punto de un tema en especial. Sabemos que es no es un trabajo fácil dedicar un tiempo a cada uno de los participantes pero en la medida de lo posible, esta técnica puede ayudar considerablemente al aprendizaje del estudiante y contribuye formidablemente a erradicar esa soledad que algunas veces puede afectar el ritmo de estudios, a tal punto de terminar en la deserción.

Sobre este aspecto, Leal (2004) sugiere que para evitar esa “soledad” del estudiante de educación a distancia se debe proponer un programa de orientación personal – social. En este sentido la función tutorial debe estar más inclinada hacia la de orientador. En el sistema de educación convencional o presencial esta función corresponde en la mayoría de los casos, a un especialista aparte al proceso de enseñanza y aprendizaje a quien el estudiante acude a la hora de recibir una guiatura o asesoría.

En la EAD “El docente se convierte en un consejero, en una ayuda para el alumno a la hora de decidir cuál es el mejor camino para conseguir los objetivos educativos que se ha propuesto” (Perdomo, 2008). Esta misma autora establece al rol de tutor del docente de EAD funciones como las de guiar, orientar, motivar y asesorar a sus estudiantes en el encuentro de éstos con los nuevos conocimientos. Esto puede generar la creación de estudiantes más independientes y autónomos.

Estamos entonces bajo una concepción cada vez más integradora pero al mismo tiempo multidisciplinaria del docente de EAD. No obstante, en mi opinión estaría más de acuerdo con las dos tareas básicas que según García (1987, 1999, 2001) este educador debe desempeñar: la orientadora y la académica. Sobre estas funciones recaen un gran número de responsabilidades que el facilitador debe cumplir con el fin de propiciar en el estudiante un aprendizaje efectivo y la motivación a mantenerse en un sistema no común para él.

Finalmente, el facilitador no es solamente un profesional de le educación que debe limitarse a practicar funciones netamente pedagógicas como las citadas en los párrafos anteriores. Por encima de todo es un ser humano y en este orden de ideas debe poseer cualidades que le permitan trasladar ese humanismo al proceso de interacción con sus estudiantes.

Debe poseer atributos como la cordialidad, aceptación, honradez y empatía (García, 2001). Este mismo autor cita algunas otras características que si muy bien son atribuidas a los docentes de sistemas presenciales, también algunas de ellas pueden aplicarse a los de EAD, son el caso de: La autenticidad y honradez, madurez emocional, ser cordial, empatía, agilidad mental, saber escuchar, sociocultural, emocionalmente estable y liderazgo.

Como también lo hemos comentado en este artículo, el docente nuevo en EAD debe estar al tanto de los desafíos que se le aproximan en plena era de los rápidos avances tecnológicos. Pienso que por más que queramos no vamos a competir con lo que se nos avecina y que sin duda alguna está ocupando más lugar en la forma en que se enseña y aprende en este siglo. Debemos hacer lo posible por estar actualizados sin dejar a un lado el humanismo característico del facilitador, cada vez más constructivista y social.

Castellón (2009) afirma que el reto que se presenta ahora a los docentes de EAD es estupendo. Indagar la forma en que se aprende al mismo tiempo que tenemos la oportunidad de conectarnos con otras personas de otros lugares del mundo para intercambiar experiencias y modos de aprendizaje. Pero también es un reto usar estas herramientas para saber cómo formar a nuestros ciudadanos para afrontar la vida en relación a las demandas actuales laborales.


Referencias

Adell, J. y Sales, A. (sf ). El profesor online: elementos para la definición de un nuevo rol
docente. Disponible en: http://tecnologiaedu.us.es/edutec/paginas/105.html

Castellón, C. (2009). La docencia en la educación a distancia. Disponible en: http://www.monografias.com/trabajos73/docencia-educacion-distancia/docencia-educacion-distancia.shtml

García Aretio, L. (2001). La educación a distancia. De la teoría a la práctica. Capítulo 5: Profesores, formadores y tutores. Barcelona: Ariel.

Leal, N. (2004). La soledad del estudiante a distancia en la Universidad Nacional Abierta. Dirección de Investigaciones y Postgrado. Universidad Nacional Abierta.

Perdomo, M. (2008). El rol y el perfil del docente en la educación a distancia. Disponible en: www.salvador.edu.ar/vrid/publicaciones/PErdomo.doc

1 comentarios:

Blogger morenita ha dicho...

Muy interesante tu aportación, las NTIC's si son utilizadas adecuadamente son una gran herramienta docente, además que permiten a un gran numero de estudiantes desarrollarse académicamente, intelectualmente sin descuidar el área laboral.

20 de julio de 2010, 0:28  

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